Maniobrar con lo imposible. Psicoanálisis e Instituciones
Las próximas Jornadas apuntan a interrogar la práctica del psicoanálisis de orientación lacaniana en el ámbito institucional, es decir, aquella que se lleva a cabo más allá de los muros del consultorio.
La presencia de practicantes del psicoanálisis en las instituciones es un hecho. Aquello que Freud consideraba en Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1918) como una situación perteneciente al futuro y que podría parecer, en cierto modo, “fantástica”, forma parte de nuestra realidad.
“El objeto psicoanalista está […] disponible en el mercado […] y se presta a usos muy distintos de aquel que fue concebido con el término psicoanálisis puro”. [1]
Se trata, entonces, de uno de los usos posibles a los que el psicoanalista se presta. De modo que no se trata ya de discutir si es posible la práctica del psicoanálisis en una institución, sino de poder explicitar el saber que puede extraerse a partir de allí.
El ritmo de los tiempos digitales instala y desinstala escenarios cada vez más móviles, empujando a los sujetos hacia soluciones rápidas. Nuestra época se caracteriza por un empuje al goce; los objetos producidos por el mercado, lejos de entrar en el registro del intercambio, son tomados por los sujetos como objetos de satisfacción inmediata, buscando saltearse así las incomodidades de la castración [2], sin necesidad de pasar por el Otro.
En este sentido, si la época presenta modificaciones respecto del modo en que una civilización trata lo imposible, podríamos decir que aquello que la nuestra pone de relieve es la dificultad de soportar la castración en tanto “nombre de un límite estructural que indica que no hay goce completo, que no hay saber total, ni hay relación que pueda escribirse sin resto”.[3]
Aun así, la relación entre psicoanálisis e institución no va de suyo, ni es fácil de precisar.
Una primera manera de leer esa relación sería aquella que establece la oposición entre ambos, es decir, entre los objetivos de la institución y los de la cura analítica, lo cual conduciría al practicante a la necesidad de asumir una posición extrainstitucional a partir de establecer la incompatibilidad entre una y otra práctica: se es analista o se trabaja en instituciones.
En las antípodas, podríamos ubicar un segundo modo, aquel que establece la complementariedad entre ambos términos, pudiendo convertir al practicante del psicoanálisis en un funcionario del dispositivo, cuya política estaría dada por el cumplimiento de las normas y protocolos que establece la institución.
Proponemos una tercera vía, que permitiría diferentes modos de articulación entre psicoanálisis e institución, a condición de preservar y hacer lugar a lo que se presenta como irreductible –índice subjetivo–en quien consulta. En este sentido, partimos del síntoma como respuesta singular que nos permite captar la función que puede tener para un determinado sujeto, y no como un trastorno que se debe corregir en pos de restablecer cierta normalidad.
En otras palabras, si bien la atención en instituciones no se lleva adelante sin organización o protocolo, cuando entra en juego la x del deseo del analista, el sujeto tiene allí su oportunidad [4]. Para ello, será necesario que el analista haya cultivado su docilidad, poniendo en juego su propio tratamiento de lo irreductible hasta saber tomar, en cada caso, el lugar desde el cual poder intervenir.
Para concluir, si bien –tal como formulábamos al comienzo- la presencia de los practicantes del psicoanálisis en el ámbito institucional es un hecho, su lugar en una institución no está determinado, sino que, tal como ocurre con el sujeto del inconsciente, se tratará de producirlo cada vez.
Apostamos a que las próximas Jornadas puedan contribuir a decir cada vez mejor aquello que hacemos en las instituciones, los artilugios de los que puede valerse el practicante para intervenir, y de qué manera –cuando algo del orden del “eso falla” se hace presente en un sujeto– el analista encuentra allí el resorte de su acción, situando el punto de imposible para maniobrar con él.

Ejes temáticos
- Tic tac, TikTok: ritmo de la institución y temporalidad subjetiva.
- Transferencia e institución: ¿hace falta tiempo? Maniobras necesarias, desplazamientos posibles.
- Rectificación subjetiva: signos discretos de implicación, maniobras y dificultades.
- Urgencias subjetivas / urgencias institucionales.
- La práctica entre varios.
- Cuando la palabra no alcanza: el cuerpo del analista.
NOTAS
- Miller, J.-A.,1999, “Las contraindicaciones al tratamiento analítico.”El Caldero de la Escuela, Nro. 69, Buenos Aires.
- Vallejo, P., 2026, “Psicoanálisis y subjetividad en la era exponencial”, El inconsciente frente al protocolo, Buenos Aires, Grama, p. 75.
- Glaze, A., 2026, El inconsciente frente al protocolo, Buenos Aires, Grama, p. 10.
- Candioti, C., 2025, La institución del practicante, Buenos Aires, Letra Viva, p. 20,